El fondo para préstamos universitarios se ha duplicado en tan sólo tres años

Alfredo Almendro y Joseba FernándezDiagonal
Afirmaba la ministra Garmendia en marzo de 2009 que “los préstamos-renta de ninguna manera sustituirían a las becas convencionales”. Menos de dos años después, esta contundente declaración puede ser ya cuestionada con los datos en la mano. La crisis financiera que atraviesan las universidades españolas ha provocado la reducción de distintas ayudas por parte de gobiernos autonómicos y universidades, mientras el programa de préstamos-renta promovido por el Ministerio de Educación ha aumentado su financiación de los 50 millones de su primera edición (2007) hasta los 100 en la convocatoria del año pasado, tal y como figura en los Presupuestos Generales del Estado de 2010.
No sólo se ha reducido la proporción de becas en relación con los préstamos-renta. Las condiciones de estos préstamos destinados a “apoyar financieramente a los graduados universitarios que quieran continuar sus estudios con un máster oficial” también han cambiado. Los principales cambios introducidos por el Gobierno en este programa hacen referencia a las condiciones de acceso y devolución de los préstamos. La Orden Ministerial de 18 de diciembre de 2010 regula las nuevas condiciones de los préstamos para estudios de posgrado y máster.

Uno de los giros afecta a los intereses asociados a los préstamos-renta, que a partir de la última convocatoria, deberán ser devueltos con intereses: se acabó el coste cero. El Ministerio contestó en su día a las críticas del programa de préstamos afirmando que mantendría la política de créditos sin intereses. Al cierre de esta edición, la página del Ministerio sobre los préstamos-renta no recogía el cambio.

Para la convocatoria de 2011 se desconoce el importe exacto del interés que cobrará la entidad financiera con la que se suscriba el préstamo, pero según ha señalado el Ministerio, se aproximará al índice del euribor (en torno al 1,5% en la actualidad). La orden precisa que el Estado subvencionará la mitad del importe del interés.

Además, los términos para la devolución del préstamo se vuelven ahora más exigentes. Si en las anteriores convocatorias podía retrasarse la devolución en caso de que el beneficiario, tras empezar a trabajar, no ganase más de 22.000 euros al año, a partir de ahora el Ministerio sólo subvencionará el pago durante el tiempo de carencia estimado, un periodo que variará en función de la duración de los estudios: dos años para los másteres de un curso, tres para los programas de dos, y cuatro para los de cinco. El tiempo de amortización también se reduce, pasando a ser de cuatro años para programas de uno, cinco para programas de más de un año, y seis para aquellos que superen los dos años.

Las facilidades de las que gozaban las solicitudes de préstamos han sido sustituidas por condiciones más duras. En definitiva, el programa de préstamos- renta ha sufrido, como tantos otros, los estragos de la crisis y ha modificado las condiciones con las que se puso en marcha. Un programa que, a pesar de ser presentado en su momento como la panacea por parte de las autoridades educativas, fue ya denunciado por el movimiento estudiantil anti-Bolonia. La transferencia de recursos públicos a manos privadas que supone el programa, y el hecho de que se esté produciendo un trasvase de becas a fondo perdido por este tipo de préstamos son sólo un síntoma más de la crisis que soporta el modelo de educación universitaria; un modelo que camina, a pasos agigantados, hacia lo que autores como Andrea Fumagalli denominan el “proceso de financiarización de la educación”.

En un contexto en el que la educación deviene en negocio y se somete a las lógicas del mercado, la deuda estudiantil contraída con bancos se convierte en la piedra angular de un modelo en el que el estudiante pasa a ser un cliente que debe financiar (y endeudarse) su propio curriculum. Así, tal y como explica Jeffrey Williams en su capítulo del libro La Universidad en conflicto, “el nuevo paradigma de financiación cuenta con el joven (el estudiante) no como un grupo especial que debe estar exento de algo o protegido del mercado sino como un jugador más dentro del mismo”.

El aumento generalizado de las tasas académicas es la causa inmediata de la necesidad de los estudiantes de recurrir al endeudamiento. El incremento de las tasas está provocando la reacción del movimiento estudiantil en diferentes países (como Puerto Rico, Reino Unido o Estados Unidos) debido a la generalización masiva de “la deuda estudiantil” que, en países como EE UU, supone ya el tercer motivo de endeudamiento de los hogares norteamericanos (por detrás de la vivienda y el automóvil).

El estrés del endeudado

La precarización que implica este modelo de endeudamiento no es el único argumento para refutar el nuevo dispositivo de los préstamos universitarios. La pedagogía y las lecciones que esconde y dicta la deuda estudiantil muestran al estudiante endeudado, como señala también Williams, que la educación es un servicio más de consumo, lo cual contribuye a afianzar la cosmovisión según la cual el mercado capitalista es el orden natural e inevitable del mundo. Y, no menos importante: la deuda introduce a los estudiantes en una situación de estrés y presión evidente no sólo sobre sus estudios, sino sobre el conjunto de su vida (precarizada) al someterle a pagos mensuales durante los años que siguen a la finalización de sus estudios.

La cuestión de la “deuda estudiantil” no ha sido, hasta el momento, una de las principales preocupaciones para el movimiento estudiantil de estos lares. Los cambios en el programa de préstamos-renta y la creciente necesidad de recurrir a los mismos debido al aumento de las tasas (especialmente en el tercer ciclo) seguramente sitúen este tema en la agenda de los movimientos, tal y como sucede en otros países de Europa.

“50 euros ya son suficientes. No queremos pagar más”
G. VEGEZZI (MILÁN)

Frente a las políticas de Bolonia y los recortes presupuestarios, algunas reacciones estudiantiles han rebasado los límites de la universidad. Point Break nace en julio de 2009 cuando un centenar de estudiantes de la universidad romana de La Sapienza ocupan un palacio abandonado para convertirlo en viviendas para universitarios. El palacio se encuentra en el barrio popular joven y multiétnico del Pigneto.

“Point Break es recobrar un espacio para hacer una experimentación nueva, construir un nuevo welfare desde abajo, desde la producción común de recursos, imaginación, inteligencia, según declararon los ocupantes al tomar el edificio, Point Break es una respuesta a los alquileres inaguantables, a quien nos llama huésped y nos hace pagar 500 euros al mes. Pensamos que 50 euros ya son suficientes y no queremos pagar más”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s